2.3.10

Track 58: Pipeño + helado de piña

Todavía estoy shockeada por todo lo que pasó. Recuerdo momentos, fotos, sensaciones de lo que me pasó y no sé si llorar de alegría o de pena. Tengo en sentimientos encontrados con toda esta weá, pa ser sincera. Y como sé que varios me van a preguntar qué cresta me pasó, prefiero contarlo de una sola vez y que lo lean todos. Así no tengo que re-escribir mil veces la misma historia, y por ende no revivirla. Me da miedo. Porque, de hecho, esta weá no la cuento dos veces. Así viví yo el terremoto del 27 de febrero del 2010:

Viernes 26, 2pm: me meto al computador y a MSN. Me encuentro online con el Hugo, un amigo con quien estábamos planeando hace algunos días un viaje a la playa que, por distintos motivos, había funado. La idea original era irnos el martes y volver el sábado, junto a otros amigos, y recorrer el litoral entre la 7ma y la 5ta región. Si, nuestro destino eran todas esas playas que ahora aparecen en la tele echas mierda por el tsunami. Finalmente, y ante el fallido intento original, habíamos pensado luego irnos el viernes a Santo Domingo y volver el sábado. No pensamos en volver el domingo porque demás que estaba la carretera repleta de veraneantes volviendo a Santiago, así que para evitarnos eso, la idea era irnos el viernes a mediodía y volver el sábado al anochecer; así aprovechábamos todo el día. Pero hasta última hora no teníamos certeza de si íbamos o no. Y tal como decía, a las 2 de la tarde se conecta mi amigo y me pregunta qué onda, si vamos o no a la playa. Me dijo que llamara a otro amigo (Gonzalo), y le preguntara si se animaba. Y Gonzalo se animó. Así que a las 6 de la tarde de ese mismo día íbamos partiendo a Santo Domingo a acampar. Miedo no teníamos, pues el Hugo (que además era conductor de la camioneta en que íbamos) conoce de sobra el lugar. Años de años yendo con su familia a pescar y a wear pa allá; conocía cada lugar a la perfección.

Sábado 27, 12am: ya instalados en el lugar escogido, que quedaba a unos 25mts de la orilla del mar, bajamos y estuvimos conversando ahí un buen rato. Comentábamos lo agradable que estaba la noche, no hacía nada de frío. Y la luna que estaba precisa, pues iluminaba el lugar de manera excepcional. Todo iba perfecto. Conversábamos sobre lo de siempre, los otros weones que tenemos en común, sobre la vida, sobre planear nuestras vacaciones del próximo año con anticipación. Vacaciones que tenían como destino más probable todo lo que hoy se conoce como "zona de catástrofe". Una extensión de la misma zona que teníamos pensado cubrir en el viaje que habíamos ideado originalmente para esta semana. Hablamos de lugares que hoy día prácticamente ya no existen, porque se los llevó el mar.

Sábado 27, 2:30am: luego de harto rato weando al lado del mar, les digo a mis amigos que mejor subamos hacia donde habíamos armado la carpa y teníamos la camioneta. Llegamos de vuelta y estuvimos otro rato conversando al lado de una fogata. Me acuerdo que estaba que me meaba, y no me quedó otra que mear ahí po. Al principio me dió cosa, pero después como que me familiaricé con el asunto. La cosa es que eran aproximadamente las 3:15am y decidimos ir a dormir. Me tomé mi pastilla pa dormir y listo.

Sábado 27, 3:30am: entramos a la carpa, nos metimos dentro de los respectivos sacos de dormir y nos pusimos a conversar, mientras llegaba el sueño. No alcanzaron a pasar ni 5 minutos de eso cuando empezó a temblar. Sentimos un ruido de ultratumba que no se me va a olvidar en mi puta vida, y lo único que atinamos a hacer fue a salir tal cual estábamos y correr dunas arriba (estábamos en un sector de hartas dunas, y donde había lugares en altura, así que era weá de correr para quedar más seguros). Al salir de la carpa traté de pararme y no podía. La sacudida del terremoto de mierda me tiró al suelo como tres veces, mientras sentía cómo se caían y quebraban botellas, tazones y vasos, y cómo todo se caía de la mesa que habíamos armado. Corrimos aproximadamente 20mts. y Gonzalo decide devolverse para buscar algunas cosas necesarias, como algo para abrigarnos y las zapatillas para poder seguir corriendo dunas arriba. Mientras corría devolviéndose, le dije "TRÁEME MI BOLSO!!!", haciendo alusión a mi cartera, donde tenía las weás más necesarias, como plata, mis documentos y además las llaves de la camioneta, que Hugo me había encargado un par de horas antes. Mientras, la tierra seguía sacudiéndose y le decía al Hugo "Weón, esta weá es un terremoto. Weón, dime que esta weá no nos está pasando aquí y ahora", mientras sentía que el corazón ya se me salía y lloraba sin lágrimas; ese llanto seco, angustioso. Volvió Gonzalo, nos pusimos las weás mientras seguíamos caminando y me saqué la cresta. Aún me duelen las rodillas del golpe que me pegué entre piedras y arena, y seguimos caminando y corriendo, para llegar lo más alto que pudiésemos luego, y mirando cada cierto rato hacia la playa para ver si lográbamos distinguir si el mar se estaba recogiendo o no.

Sábado 27, 4am: nos alejamos como 2km del lugar donde estábamos originalmente. La camioneta apenas se distinguía, se veía pequeñita, y en un momento notamos que empezó a entrar agua porque la espuma blanca del mar relucía con la luz de la luna. A lo lejos, se veía como si el mar hubiese rodeado el lugar donde estábamos, pero no lo hubiese tocado. Así que hicimos lo más lógico: esperar ahí a que amaneciera y recién ahí ver si podíamos bajar e irnos. Y aunque estábamos a la cresta y más encima en altura, nada me parecía suficiente. Lo único que quería era seguir subiendo, pero luego nos topamos con una bajada para volver a subir por un bosque, y desistimos de meternos ahí porque la vegetación nos iba a dejar la poca ropa que teníamos mojada, y eso iba a cagarnos aún más. Así que nos devolvimos, pero esta vez, como teníamos perspectiva, escogimos las dunas más altas, nos subimos ahí y nos sentamos a esperar que amaneciera. Según supe, acá en Santiago no hubo tanta réplica, pero yo me senté en esas dunas y nunca dejó de temblar... temblores casi imperceptibles o réplicas de 5 o 6 grados, pero no paró de temblar. La tierra retumbaba con cada remezón de mediana intensidad, y el ruido que se escuchaba era terrible. Y distinguíamos con tal claridad ese ruido porque nosotros estábamos en medio de la nada. Lo único que escuchábamos era eso y el ruido del mar, cada vez más fuerte, pero aún lejos. Los que vivieron el terremoto en sus casas o cerca de lugares con construcciones, sintieron todo el ruido de los derrumbes, las cosas que se quebraban, los muebles que se sacudían, botando todo lo que contenían. Nosotros sólo veíamos a lo lejos cómo las luces de los condominios se apagaron definitivamente y cómo empezaron a circular hartos autos, seguramente buscando más altura, alejarse del lugar o simplemente, volver a la casa. Intenté sintonizar alguna radio con el pendrive (que estaba en mi bendito bolso), pero no hubo caso. Tratábamos de llamar a nuestras casas como locos, y nada. Todas las líneas colapsadas.

Sábado 27, 6:30am: empezaba lentamente a amanecer, y estábamos en el momento más oscuro de la noche. La luna ya había desaparecido, pero el sol no aparecía nunca. Recordé que andaba con una botella de agua mineral en el bolso, así que tomamos agua de ahí (bendito bolso). Intenté nuevamente sintonizar alguna radio con el pendrive, y ahora sí pude. Y cuando escuché y supé que de verdad había sido terremoto y que el epicentro fue en Concepción, no lo podía creer. Me imaginaba que si en la 5ta región la sacudida había sido tan fuerte, la 8va y 7ma debían estar a esas alturas prácticamente en ruinas. De cueazo logró entrar a mi celular una llamada de mi hermano, así que logré comunicarle que estaba bien y saber que mi familia estaba bien, y aproveché de decirle que llamaran a las casas de mis amigos pa que sus familias supieran que estábamos bien. En eso, dieron las 7am, amaneció y empezamos a pensar qué cresta hacíamos. Mi opción era quedarnos ahí hasta que saliera el sol completamente, ya que durante la noche se había acumulado algo de neblina que podría habernos impedido ver bien, y llamar a los pacos pa saber qué mierda pasaba y qué podíamos hacer. Pero mis amigos no quisieron, y prefirieron bajar luego para agarrar las weás e irnos rápido.

Sábado 27, 7:15am: al bajar, nos topamos con el espectáculo: el mar se había llevado todas nuestras cosas, que aparecían flotando en medio de una especie de piscina de espuma y agua que se había formado al otro lado de la duna donde estaba la camioneta. De hecho, la camioneta misma se movio un poco, pero seguía ahí en pie, firme. Y ya que la piscina no era honda y nuestras cosas no estaban tan lejos, decidimos con Gonzalo meternos al agua y sacar lo que pudiéramos, mientras Hugo revisaba la camioneta y trataba de hacerla andar. Al final recuperamos un bolso mío con ropa y una mochila, los tiramos atrás y cuando íbamos a subirnos a la camioneta para partir, viene una réplica muy muy fuerte, que casi nos bota al suelo nuevamente. En ese minuto, mi amigo que conducía la camioneta y la tenía lista pa partir, dijo 'QUE MIERDA HACEMOS? VOLVEMOS ARRIBA O PARTIMOS?'. Y la respuesta automática fue 'vámonos luego de esta weá weón'. Así que partimos.

Sábado 27, 7:30am: como si nos metíamos a las dunas cagábamos porque podíamos volcarnos, no nos quedó otra que irnos por la orilla de la playa. El mar se cachaba cuático, pero no lo suficiente como para pensar en un tsunami o similares. Íbamos bien, hasta que nos topamos con una vertiente que atravesaba la playa a lo ancho, por ende teníamos que pasar sobre ella para seguir el camino. Se bajó Gonzalo y midió la profundidad de la weá y era bajita, así que pasamos. El problema vendría con la segunda vertiente que nos topamos, que traía mucha agua y se notaba harto más profunda. En ese momento, volví a insistir en que nos quedáramos ahí y llamáramos a los pacos, pero el que conducía dijo 'no, mira, si nos metemos un poco hacia adentro del mar, ahí está más bajo y logramos pasar'. 'Estai seguro, weón?' le pregunté. Y no, no estaba seguro, pero al final no la pensó dos veces y se tiró al agua. Y cuando pensábamos que ya había pasado lo peor, nos encontramos con otra situación culiá que sí que sería lo peor: la camioneta se quedo estancada en el agua, justo en el momento en que de la vertiente bajaba más y más agua, que se estancaba al rodear la camioneta, y las olas del mar se veían más cuáticas, seguramente producto de la fuerte réplica que sentimos antes de partir. En ese minuto, el que conducía trataba y trataba de pasar y nada. Y el agua se empezó a asomar por el piso de la camioneta y las olas golpeaban contra las puertas y se veía cómo saltaba el agua contra los vidrios. Ahí Gonzalo, mi amigo que iba de copiloto, dijo 'bajémonos. AHORA'. Y sin pensarlo dos veces, se bajó, rodeó la camioneta por delante y me sacó a mi de la parte de atrás. Al abrir la puerta y bajar, caché que el agua nos llegaba hasta poco más arriba de la cintura, y más encima con oleaje fuerte. Hugo salió del agua como pudo, mientras Gonzalo, que me sacó, me agarró de una mano, mientras con la otra yo agarré mi bolso (bendito bolso) y tratábamos de salir, pero no estaba fácil. El agua me botó, pero mi amigo nunca me soltó, mientras yo tragaba y tragaba agua salada y en los pocos segundos que salía a respirar le rogaba que no me soltara. Gracias a Dios, Yahve, Alá, Buda, o la deidad que quieran, este weón sabe nadar y además tiene fuerza. El weón me arrastró fuera del agua. Si no es porque ese weón no me soltó, yo ni siquiera estaría sentada acá ahora. Juro que pensé que me moría, sentía que me estaba ahogando y era desesperante. Salimos del agua finalmente y yo no la podía creer. Casi me morí. Y este loco que me sacó lo único que atinaba era a abrazarme y decirme que ya había pasado la weá, que me calmara. Porque yo de verdad que estaba pa la cagá. Y lo sigo estando, de hecho. Y no solté mi bolso, aunque pense soltarlo, pero justo vino una ola que nos tiró hacia afuera. La camioneta quedó en el agua. Al poco rato que logramos salir de ahí, miramos hacia atrás y el agua la había cubierto por completo. Después se volvía a asomar, pero en otra posición. En suma, perdimos todo lo material que andábamos trayendo. Pero al menos estábamos vivos. Vivos y en shock, por cierto. Y ahí ibamos caminando por la playa con pinta de náufragos, todos mojados, llenos de arena, pero vivos. Lo demás nos importaba callampa. Caminamos ene rato, una media hora aproximadamente, para recién poder ver una construcción que era un lugar de descanso de una congregación de curas o algo así. Y estaba súper alto. Para llegar ahí tuvimos que atravesar 2 o 3 vertientes más, que por suerte no eran hondas. Luego caminar por un camino de maicillo súper inclinado, mientras uno de mis amigos gritaba pidiendo ayuda. Llegamos al lugar, había una sola familia, que más encima se estaba yendo a Santiago, porque el lugar donde estaban quedó pa la cagá. Y el auto iba lleno, así que no nos podían llevar. El loco nos pasó una botella con agua y al tomar me sentí un poco mejor, porque después de toda el agua salada que tragué, me había ido todo el camino escupiendo para sacarme la sensación culiá de la boca.

Sábado 27, 8:45am: no nos quedó otra que seguir caminando hasta encontrar a alguien que nos ayudara, alguien que nos prestara un teléfono o encontrar un retén de carabineros, ya que con la escapada de la camioneta en el agua nuestros celulares murieron. Caminamos alrededor de 1:30hr. más, hasta llegar a una calle que daba a la entrada del condominio Las Brisas de Santo Domingo. Miramos hacia atrás y estábamos tan lejos que ya ni el mar lográbamos distinguir desde ahí. Y estábamos muy alto en comparación con el nivel del mar. La cosa es que un weón buena onda nos llevo en camioneta hasta el retén de Santo Domingo, ya que él también iba hacia allá. Nos subimos en la parte de atrás de la camioneta e íbamos como pollitos, muertos de frío por la mezcla de lo mojados que estábamos más el viento a mil por hora que sentíamos ahí atrás. Yo tiritaba y me sentía como el hoyo, pero parece que el instinto de supervivencia es más fuerte, y como lo único que queríamos era salir de ahí luego, nos aguantamos esa sensación de frío culiao como 20 minutos. Hasta que llegamos donde los pacos y nos dijeron que no podían ayudarnos, porque no tenían línea para hablar por teléfono ni tampoco podíamos dejar una constancia por la camioneta perdida porque no tenían sistema. Salimos y afuera estaban los bomberos. Ya empezaba a sentir náuseas y me empezaba a pasar la cuenta la pastilla que me tomé para dormir, que al final con la adrenalina no me hizo nunca efecto, así que me acerqué a un bombero para explicarle la situación y ver si nos podía ayudar. La weá es que ahí, tratando de explicarle al bombero, no me salían las palabras, me enredaba entera y, POR FIN, pude llorar con lágrimas. El desahogo culiao que sentí es inexplicable. Me abrigaron (lo único que tenía de ropa era una polera, un pantalon y las zapatillas) y nos trataron de aconsejar para poder llegar a Santiago luego. Los bomberos me querían llevar a la posta porque me encontraron pal hoyo, pero yo les dije que no, que necesitaba comer algo y me iba a poner bien. Al final ellos mismos me pasaron unos dulces y vamos andando nomás, porque no queríamos pasar más tiempo en ese lugar. Cruzamos el puente que une Santo Domingo y San Antonio caminando, porque lo tenían cerrado debido a las trizaduras que había sufrido con el terremoto. Sólo dejaban circular vehículos livianos, pero pasaban pocos y todos llenos, así que nadie nos llevó. Ahí caminamos alrededor de media hora más. Salimos y llegamos a una esquina, y cachamos otra réplica. En eso para un colectivo fuera de servicio, deja a una persona y de puro ascurrios le pedimos ayuda. Y nos llevó. Nos dijo que lo que más nos convenía era llegar hasta la autopista del sol y ahí hacer dedo a algún camión pa que nos llevara. Nos dejó ahí en la autopista, nos bajamos y empezamos a hacer dedo. Paró un tipo en un jeep, pero no nos servía porque iba pa Valparaíso. Y de repente, como una aparición divinars, le hacemos deo a un camión blanco y la weá para. Se bajó el chofer, nos preguntó qué onda y pa dónde íbamos. Y venía a Santiago. En menos de 5 minutos haciendo dedo ya veníamos, por fin, de vuelta a nuestras casas. Lo ideal hubiese sido haber podido contactar a los papás de alguno de mis amigos pa que nos fueran a buscar, pero con el colapso de las líneas telefónicas fue imposible. Poco más allá el chofer recoge a otro camionero que estaba haciendo deo y se ponen a hablar del terremoto. Y ahí recién cachamos de la weá de la que nos habíamos salvado.

Sábado 27, 11:30am: por fin, llegué a mi casa. Lo único que quería era ver a mi mamá. Entré y la casa estaba toda revuelta, pero la estructura intacta. Dejé mi bendito -y mojado- bolso y partí al patio a ver dónde estaba mi mamá. Y me encuentro con la mitad de una de las murallas laterales del patio en el suelo. Ahí como que me pegué la cachá. Se me pasó todo por la mente, desde lo primero a lo último que he contado. Todo. Me puse a llorar y conté lo que nos había pasado en la mañana. Mi mamá no la podía creer, y la única weá a la que atinó fue a abrazarme y a llorar conmigo. Después se me empezaron a agarrotar las piernas con el esfuerzo físico que hice, y llegó un punto donde el dolor era tan fuerte que ni siquiera podía caminar.

Aún sigo muy adolorida, de los brazos, espalda y piernas. Y a cada rato me acuerdo de la weá que me pasó, y trato de evitarlo. Por eso prefiero contarlo en detalle una sola vez.

Sé que hay gente que no va a poder contar una historia así, sencillamente porque no se salvaron. Saludos y fuerza para todos los que perdieron familiares o amigos, y para quienes perdieron sólo cuestiones materiales: da lo mismo. Las weás se compran, la vida no.

Agradezco que estoy viva. En serio.

Saludos.








The Day I Tried To Live
Soundgarden
Superunknown (1994)

7 comentarios:

Camilo Villavicencio dijo...

Qué horror. Así de simple... mi experiencia de terremoto fue casi lúdica, hasta prendí inciensos mientras aun temblaba. Pero leer tu historia me dio escalofríos, la dura.

Un abrazo y descansa harto. Talkamos.

zombiezss dijo...

yo arranque pal patio y seria

constonta dijo...

tranquilita no mas, me da verguenza ahora decir que lo que me pasó fue heavy , por que for real no lo fue, mierda.
espero que la hueá no te afecte mas de lo que debería haber sido y que en treinta años mas tengas el valor de contárselo a tus nietos.

chao franny lindi tierni peñi.

Dilandau dijo...

demaciada mala suerte en tu vida, yo que tu, me hago un exorcismo, machitun, hago donaciones a iglesias, ofrendas a imanja, a osho, asan expedito, a la difunta correa

Jano dijo...

Fran, tu historia la encontré terrorífica, en realidad, esa maldita noche del 27 fue terrorífica para todos, ya sea sintiendo como se trizaban los edificios, o en la soledad de la playa. Lo importante es que hay que estar agradecidos porque la sacamos pelá. Da lo mismo a quien sea, a Jebus, Buda, Allah, el que está arriba es Sabio y nos protege, tremenda historia.

Ivo Zambelich F. dijo...

Hola.
Me estremeció tu historia, al principio traté de ser empático con el miedo que debes haber sentido cuando todo empezó, pues no he vivido un terremoto, sin embargo cuando llegaste a lo de la camioneta estancada ya no fue necesario, pues esa sensación si la conozco y no se la deseo a nadie. Te entiendo cuando dices que no quieres recordarlo, pues sientes cómo se aprieta el corazón y se te hace un nudo en la garganta. Estaba leyendo otras entradas de tu blog, me gustaron harto y la verdad, no esperaba encontrarme con una narración tan espontánea y viva, no es que las otras no lo fueran, sin embargo se puede ver que había tiempo de procesar más la idea y separarla un poco de la emoción que sentías hacia lo que contabas con el sarcasmo y blablabla para mí, sin embargo aquí no fue necesario, pues creo que a todos los lectores encontrarán que hay algo extra: el factor realidad innegable, que nos azotó a todos en esta tragedia. Qué bueno que lo hayas contado, es horrible guardarse cosas como éstas, estoy seguro que pronto te sentirás mejor (si ya no es así) y me alegro que tú y tu familia estén bien.
Saludos de un lestor a quien le fue recomendado este blog.

Pamela Ayala Arancibia dijo...

Fran, tu historia la conoce mucha gente qu esolo te conoce por e-mail... ya no eres solo la peleadora de los e-mail, ahora eres la sobreviviente!

jajajja

Chau

>*Pame